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Goma bicromatada

"La Ciutat Esvaïda" edición bicromatada de José Luis García
La impresión en goma bicromatada en una técnica por contacto flexible y relativamente sencilla que aprovecha la sensibilidad a la luz del bicromato potásico para crear copias en color. El proceso fue inventado por el fotógrafo pionero escocés Munto Ponton en 1.839, pero no se comercializó hasta 1.894. A partir de entonces se convirtió en un proceso popular entre pictorialistas del nuevo siglo como Alfred Stieglitz.

"La Ciutat Esvaïda" de J.Vicente Jiménez
Al finalizar la primera guerra mundial, los fotógrafos se sienten atraídos por estilos más realistas en general y abandonan rápidamente las técnicas pictorialistas, poco adecuadas para estas tendencias. En España, curiosamente, se mantiene el pictorialismo hasta mediados de siglo, con fotógrafos de gran prestigio como José Ortiz Echagüe, Joaquín Pla Janini y Francisco Mora Carbonell entre otros.
El papel, de buena calidad, se cubre con una mezcla de goma arábiga y pigmento que se sensibiliza a la luz con bicromato potásico. Este provoca el endurecimiento de la goma tras una larga exposición a la luz UV; el "revelado" consisten lavar con agua el pigmento y la goma de las zonas no endurecidas, correspondientes a las luces. La textura depende tanto de la del papel como de la huella del pincel con que se aplica la goma; el resultado tiene un aspecto muy diferente a una fotografía. La imagen final no tendrá más que pigmento de acuarela, de un color o de varios.
El proceso es químicamente muy sencillo, aunque la preparación y sensibilización del papel y el procesado exigen cierta práctica para no dañar la imagen. Permite aprovechar cualquier tipo de papel y todos los colores de las acuarelas. La aplicación de la goma puede también hacerse en función de la imagen.

Los viejos procesos


Procesos antiguos a partir de una misma imagen, de izquierda a derecha: goma bricomatada, cianotipia y marrón Van Dyke. Autor de los procesos: José Luis García
Mucho antes de que el bromuro de plata se convirtiese en el más importante medio de positivado de imágenes en blanco y negro estuvieron en uso gran cantidad de procesos diferentes. Cualquier fotógrafo de 1890 estaba familiarizado con cosas como la ristotipia, la kalitipia, la cromotipia, la cianotipia, la fluorotipia o la lenintipia; y es más que probable que hubiese utilizado los procesos a la leche, el café, al alabastrino, al grafito y hasta el de la Emulsión del Rev. Beechey, todos ellos descritos en cualquier manual de la época. Casi todos fueron puestos a punto por aficionados entusiastas y daban resultados muy irregulares. Su función era conseguir imágenes más permanentes y con mayor riqueza tonal que las que entonces daban los haluros de plata, pero solía ser complicado preparar los papeles y exigían el uso de compuestos demasiado peligrosos o demasiado complicados de preparar en la actualidad. No obstante, hay algunos que aún pueden dar imágenes atractivas con calidades de color y detalle muy particulares y que pueden seguir aplicándose para crear efectos imposibles con los papeles comerciales en blanco y negro o en color.

La imagen de partida en formato digital
Para usar hoy día estos procesos, lo primero que hay que hacer es preparar la superficie del papel. Normalmente esto consiste en aparejarlo pulverizando con almidón u otra sus tancia similar, según se indique en cada caso. Durante esta operación y la de sensibilización es fundamental que el papel permanezca plano, ya que en caso contrario no entraría bien el contacto con el negativo.
La capa sensible, como la emulsión líquida, se aplica bien de forma que se noten las pinceladas , bien de forma que la capa sea uniforme, según se prefiera. Los bicromatos aumentan su sensibilidad a medida que secan, por lo que, aunque la aplicación se haga a la luz normal, deben dejarse secar en la oscuridad. Durante la exposición es fundamental evitar el calentamiento del material, ya que ello interrumpiría el proceso. En todos los procesos la fase de "revelado" es muy sencilla, y por lo general puede llevarse a cabo en cualquier sitio, con tal de que la superficie del papel no reciba luz directa.
La confección  de los propios materiales permite "sentir" la naturaleza química de la fotografía y evocar las tribulaciones de los que hace cinco generaciones nos precedieron en esta afición. Por entonces, cuando los procesos pictóricos estaban a la orden del día, se fabricaban muy pocos materiales sensibles y los fotógrafos no tenían más remedio que convertirse en químicos. Los que eran capaces de entenderse con los procesos y además de realizar imágenes originales eran seres excepcionales, y aún pueden admirarse restos de su obra en  algunos museos y galerías de arte.
Durante las siguientes semanas veremos como mi buen amigo y fotógrafo José Luis García ha rescatado y probado tres de tales procesos, todos ellos realizables con un equipo mínimo: Goma bicromatada, Marrón Van Dyke y Cianotipia. El punto de partida es mi imagen "La Ciutat Esvaïda" que representa un típico patio mallorquín. El archivo digital se ha escaneado a negativo.

Bibliografía usada: "Manual del Laboratorio Fotográfico" de Michael Langford


En el Laboratorio Fotográfico: La esencia de lo que vemos y sentimos

La experiencia fotográfica puede ser y es mucho más profunda que la mera visualización de la imagen tomada. Con la fotografía en blanco y negro analógica se consigue una unión casi mística entre el fotógrafo y su obra.
Como en muchas facetas de mi vida, el camino a seguir es tan importante o incluso más que el objetivo final. Esto es lo que nos vamos encontrando por el sendero de la fotografía analógica:
Percepción y conocimiento de la imagen. Es la parte más abstracta y difusa del hecho fotográfico. Es la idea que surge en nuestra mente de lo que queremos fotografiar y la formación de la imagen en nuestro cerebro. En este caso el proceso creativo puede ser totalmente pensado y elaborado o surgir de una forma espontánea.
La toma de la imagen. El dedo presiona del disparador y detenemos el tiempo en el momento en que lo que vemos y lo que hemos creado mentalmente debe coincidir, es la parte del proceso fotográfico más efímero.
Proceso de laboratorio. Esta es la parte en la que el fotógrafo esta más unido con su obra: una lucha, que en mi caso me ha llevado incluso hasta un par de horas, entre una imagen latente y otra que he creado en mi mente; aquí es donde la máquina del proceso creativo funciona a gran velocidad y la experiencia llega a unos altos grados de satisfacción.
Empieza con la preparación de los componentes químicos en su justa medida para poder realizar el revelado. A continuación dejamos el cuarto de revelado en oscuridad, iluminados por una tenue luz roja, de manera que el nivel de concentración es máximo al no haber elementos visuales que nos despisten de nuestro propósito.
Primero exponemos la película -previamente revelada- mediante una ampliadora sobre una hoja de papel fotográfico para obtener una imagen latente. Aquí tenemos la primera percepción espiritual de que algo existe aunque no lo veamos. A continuación pasamos el papel a un cubeta con líquido revelador.
En este momento nos encontramos en lo que es para mi el momento más mágico y de éxtasis del proceso fotográfico y que ningún proceso digital ha conseguido superar, que no es otro que la paulatina aparición de la imagen sobre el papel, este es el momento, el punto de inflexión por el que estoy convencido de que la fotografía es arte y que yo en mayor o menor medida he colaborado en crearlo.
Sí, con cámaras digitales y con Photoshop podré conseguir unos resultados más satisfactorios pero nunca estaré anímicamente tan cerca de una imagen como en el momento del revelado en blanco y negro en un laboratorio fotográfico químico.
Al final del primer capítulo del libro de Ansel Adams “La Copia”, explica magistralmente como debe estar preparado el fotógrafo ante la creación de su obra: “Verá que es una delicia ver surgir las copias en el revelador y comprobar que su visualización original ha llegado a realizarse, o en muchos casos, a intensificarse mediante sutiles alteraciones de valor. Naturalmente, evocará el motivo, y no resulta fácil disgregar el juicio que le merece la copia ante usted de su sensación del motivo. Debería esforzarse por recordar la visualización –lo que vio y sintió- en el momento de efectuar la exposición. No se deje atrapar por procesos rígidos, la esencia del arte es la fluidez para referirse a un concepto ideal”
Nota: La fotografías que acompañan este artículo fueron procesadas por mi en el laboratorio del Centro de Estudios Fotográficos de Mallorca y en otro de pequeñas dimensiones montado y organizado en mi casa. Las imágenes están escaneadas tal cual de la copias obtenidas por métodos químicos.